Hace frío afuera. La tarde es gris, el viento le corta los labios, las manos, la piel del rostro. Duele el frío. Acelera el paso para llegar al calor de su casa, huyendo del tiempo inclemente; buscando el refugio de su hogar.
Entra en el piso, se descalza y nota el calor de la tarima flotante en la planta de los pies. Una copa de vino, algo de soul, su sofá y una manta. Se siente sola. No suele sentirse sola aunque no tenga compañía. Pero hoy sí. Hoy se siente infinitamente sola. Y vulnerable.